Reunión de alto nivel de Dakar. Una oportunidad para cambiar el rumbo de la crisis hídrica global
Tres miembros de ONGAWA estarán en primera línea, participando activamente para impulsar el cambio
Los días 25 a 27 de enero de 2026, gobiernos, organismos internacionales y otros actores se reunirán en Dakar para preparar la próxima Conferencia del Agua de Naciones Unidas de diciembre. Lo que allí se decida afecta directamente a algo tan básico como poder abrir el grifo, ir al baño con dignidad o proteger los ríos de los que depende nuestra vida.
Y desde ONGAWA vamos a estar allí, llevando propuestas y sumando fuerzas con otras organizaciones y redes de la sociedad civil.
Hoy el mundo vive una crisis global con más de 2.100 millones de personas no tienen acceso a agua potable segura y 3.400 millones carecen de saneamiento adecuado. El cambio climático, la degradación ambiental y la desigualdad hacen que esta crisis golpee con más fuerza a quienes menos recursos tienen.
Desde ONGAWA creemos que Dakar puede – y debe – ser un punto de inflexión.
El agua no es un negocio, es un derecho humano
La primera clave es clara: el agua y el saneamiento son derechos humanos, no mercancías. El agua es un bien común que debe gestionarse pensando en las personas y en los ecosistemas, no solo en el beneficio económico. Los usos básicos para beber, cocinar, higiene y para conseguir otros derechos humanos como alimentación o salud deben tener prioridad sobre otros usos lucrativos.
Poner los derechos humanos en el centro no es solo una cuestión ética: es una forma eficaz de orientar las políticas públicas, las inversiones y la rendición de cuentas hacia resultados reales para la población.
Lo urgente: que todo el mundo tenga lo básico
Si de verdad queremos “no dejar a nadie atrás”, hay que cambiar prioridades. ONGAWA defiende que la agenda global debe centrarse primero en garantizar un acceso básico universal al agua, el saneamiento y la higiene, especialmente en zonas rurales, asentamientos informales y otros lugares que congregan a las personas más empobrecidas.
El saneamiento sigue siendo el gran olvidado, a pesar de su impacto directo en la salud, la dignidad y la igualdad de género. Erradicar la defecación al aire libre y asegurar servicios básicos es una de las formas más rápidas y justas de mejorar la vida de millones de personas.
Servicios públicos y comunitarios fuertes
La experiencia demuestra que los sistemas públicos y comunitarios de agua y saneamiento son los que mejor garantizan el acceso equitativo y sostenible, sobre todo en contextos de especial vulnerabilidad socioeconómica y ambiental. Fortalecerlos, reconocer los saberes locales y apoyar la gestión comunitaria es clave para que los servicios funcionen hoy y mañana.
La privatización o la financiarización del agua, en cambio, suelen dejar fuera a quienes no pueden pagar.
Escuchar a quienes viven el problema
No se pueden tomar buenas decisiones sin escuchar a quienes sufren las consecuencias. La participación de comunidades rurales, pueblos indígenas, organizaciones locales y especialmente de las mujeres – que siguen cargando con gran parte del trabajo relacionado con el agua – debe ser real y con capacidad de influir, no solo simbólica.
La participación no es un adorno: mejora la calidad, la legitimidad y la sostenibilidad de las políticas.
Dinero, datos y responsabilidad
Sin financiación suficiente, los compromisos se quedan en papel mojado. Hace falta invertir más y mejor en agua y saneamiento, sin cargar el coste sobre las personas más pobres ni aumentar la deuda de los países más empobrecidos. Además, al menos la mitad de esa financiación debería destinarse a saneamiento e higiene, que suelen quedar relegados frente al agua.
También son esenciales datos públicos y desagregados, que permitan saber quiénes se están quedando atrás y exigir responsabilidades cuando los compromisos no se cumplen.
Tecnología sí, pero al servicio de la equidad
La innovación puede ser parte de la solución, pero no cualquier innovación ni a cualquier precio. Tecnologías caras o complejas no sirven si no son accesibles y sostenibles para quienes más las necesitan. Antes de presentar una solución tecnológica como “la respuesta”, hay que hacerse una pregunta sencilla: ¿a quién beneficia realmente?
Dakar: una oportunidad que no se puede perder
La crisis global del agua y del saneamiento no se resolverá con promesas vagas ni soluciones que aumenten las desigualdades. Dakar debe sentar las bases de una gobernanza global del agua más justa, democrática y sostenible, capaz de convertir los compromisos políticos en cambios reales en la vida de las personas.
El agua es vida, dignidad y futuro. Y ese futuro se decide también en espacios como Dakar.
Mira la posición y propuestas que llevamos desde ONGAWA (descargar)