¿Puede una caja con tres candados ser una herramienta de derechos humanos?
En las zonas rurales de Senegal, donde menos de la mitad de los hogares rurales tiene acceso a saneamiento mejorado, la respuesta es sí.
El Programa GAWDI lleva cinco años trabajando en el departamento de Podor con una apuesta metodológica poco convencional: confiar el financiamiento de las letrinas no a los bancos ni a los gobiernos locales (aunque estemos trabajando para que los gobiernos puedan asumir su rol de titulares de obligaciones), sino a grupos de mujeres que se reúnen cada quince días, aportan lo que pueden y gestionan colectivamente el dinero bajo llave: literalmente, tres llaves en manos de tres mujeres de distintas aldeas.
Se llaman tontinas: son una institución preexistente en Senegal, y GAWDI las convirtió en el motor financiero de 437 letrinas mejoradas en 18 localidades, agrupando a 1.260 mujeres en el proceso.
El resultado no es solo infraestructura; es gobernanza local, empoderamiento económico y, sobre todo, una demostración práctica de algo que en el marco de los derechos humanos al agua y al saneamiento muchas veces se declara pero no siempre se aterrizan: que el saneamiento es asequible y sostenible cuando las personas más afectadas por su ausencia controlan también las decisiones sobre su provisión.
Publicamos este documento técnico como contribución al debate global sobre cómo financiar el derecho humano al saneamiento desde abajo.
