Reunión ministerial mundial del agua en Madrid: la urgencia de compromisos efectivos

Alberto Guijarro (ONGAWA), Pablo Alcalde (Acción Contra el Hambre) y Blanca Carazo (UNICEF), como parte del Grupo de Trabajo de Agua de la Coordinadora de ONG de Desarrollo.

Ocho mil cuatrocientos kilómetros separan Madrid de la comunidad de Cuyas, en el Corredor Seco nicaragüense, en la que vive María Francisca Gutierrez con su familia. Esa distancia entre su casa, rodeada de monte, y el salón de actos madrileño en el que van a reunirse esta semana más de 65 ministros, ministras y líderes globales de todo el mundo, está fuera de la posibilidades de María Francisca. Los días 22 y 23 de octubre tendrá lugar en Madrid la Reunión Ministerial del Sector del Agua y el Saneamiento, convocada por la alianza internacional Sanitation and Water for All (SWA) y UNICEF, con el respaldo del gobierno de España, y es una una lástima que María Francisca no esté invitada, porque tendría bastantes cosas que decir.

Ella sabe bien qué significa no tener garantizado el derecho al agua, y tener que recorrer cada día varios kilómetros de ida y vuelta para acarrearla, sospechando además de su probable contaminación bacteriana. También podría hablar del cambio que ha supuesto en la vida de su comunidad disponer por fin de agua limpia, y sobre todo de lo larga y dura que ha sido la lucha hasta conseguirlo.

María Francisca no estará en Madrid, ni ella ni ninguna de los millones de personas que siguen en el mundo sin acceso seguro a agua potable ni a saneamiento digno. Sin embargo si el foro ministerial importa es porque lo que está en juego son su dignidad y sus derechos.

Por eso esta no es (no debería ser) una cita más en la agenda internacional: será la reunión política global más relevante sobre agua antes de la COP30 en Brasil y la Conferencia de Naciones Unidas sobre el Agua de 2026. Su resultado definirá si el mundo está dispuesto a tratar el agua y el saneamiento como lo que son: derechos humanos y condiciones imprescindibles para la vida y la paz.

El agua y el saneamiento están hoy en el centro de importantes desafíos globales, como la salud, la seguridad alimentaria, la producción de energía, la igualdad de género, la educación, la estabilidad territorial y la adaptación climática. A pesar de ello, el sector sigue abordándose como un asunto secundario, técnico y fragmentado. Pero no lo es. El agua es un bien común y un derecho humano reconocido por Naciones Unidas desde 2010. Y, sin embargo, al menos 2.200 millones de personas siguen sin acceso seguro al agua potable y 3.500 millones carecen de saneamiento digno. Esta es una de las mayores violaciones de derechos humanos de nuestro tiempo, y demasiadas veces pasa desapercibida.

El hecho de que España acoja esta reunión de alto nivel y de que tantos países hayan decidido participar es una señal política relevante. Pero la relevancia de esta cita no se medirá por la lista de delegaciones ni por el número de discursos, sino por la capacidad de transformar la voluntad política en acuerdos concretos, realistas y verificables. Madrid no puede quedarse en una foto. Tiene que ser un punto de inflexión.

El agua y el saneamiento: la emergencia que aún no hemos querido nombrar

La crisis mundial del agua y el saneamiento no es una fatalidad natural, sino el resultado de decisiones políticas inadecuadas, priorización de intereses económicos frente a la garantía de derechos, financiación insuficiente para abordar las desigualdades estructurales, entre otras medidas. Cada año, más de 4.000 millones de personas sufren escasez hídrica durante, al menos, un mes, afectando de manera especial a las mujeres, la infancia y a otros grupos en situación de vulnerabilidad. Por su parte, el saneamiento es uno de los ODS más retrasados de la Agenda 2030. Y mientras la emergencia se agrava, la financiación internacional destinada a agua y saneamiento ha disminuido en términos reales durante la última década. Se habla de transición ecológica, pero sin agua no habrá transición posible.

Donde debería haber planificación sostenible, hay sobreexplotación de acuíferos. Donde debería haber justicia hídrica, crece la mercantilización del agua. Donde debería haber servicios públicos sólidos, se impone la precariedad. No falta conocimiento técnico: falta decisión política y sentido de justicia.

Lo que la Reunión ministerial de Madrid debe resolver

Desde la Coordinadora Española de ONGD, junto con organizaciones socias de más de 60 países, afirmamos que defender los derechos humanos al agua y al saneamiento implica priorizar a las personas que hoy están siendo excluidas. Ningún avance será justo si no empieza por ahí.

No se trata de seguir invirtiendo únicamente en grandes infraestructuras para las ciudades que ya tienen acceso, olvidando  a quienes no lo tienen ni en cantidad ni con la calidad adecuada, como ocurre en muchas áreas rurales y periurbanas. Se trata de asegurar servicios públicos gestionados para garantizar los derechos humanos, sin olvidar la gran deuda pendiente de este sector: el saneamiento y la higiene. Sin baños seguros, sin gestión adecuada de residuos, no hay salud ni dignidad.

Eso exige, además, un cambio en la forma de gobernar el agua, que no puede gestionarse a espaldas de la ciudadanía. Una gobernanza justa debe reconocerla como bien común, garantizar el control público, incorporar el conocimiento local y asegurar que las mujeres tengan voz y decisión.

Nada de esto será posible sin financiación. Pedimos aumentar la Ayuda Oficial al Desarrollo para el ODS6, y que se prioricen donaciones frente a préstamos para los países más pobres y endeudados. Ningún derecho humano puede depender de créditos que perpetúan desigualdad y dependencia.

Por último, el agua debe situarse en el centro de la adaptación climática. No habrá resiliencia si los sistemas hídricos colapsan. Proteger fuentes y acuíferos, restaurar los ecosistemas hídricos deteriorados, invertir en soluciones locales sostenibles  y defender el agua para la vida debe ser una prioridad climática global.

Madrid puede ser una oportunidad histórica. Pero solo lo será si de esta reunión salen compromisos medibles, financiación real y mecanismos de rendición de cuentas. Lo contrario será volver a fallar a María Francisca y a los millones de personas para quienes el agua y el saneamiento siguen siendo una barrera para disfrutar de una vida digna.

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